Había una vez una ciudad sepultada en la Sierra, donde a la gente le gustaba hacerse pato y sepultar, a su vez, su propia cabeza para fingir no darse cuenta de lo que ocurría. Seguían escondiendo a los narcos, seguían siendo explotados por líderes sindicales e, increíblemente, seguían votando por el PRI. Un día, a algunos de los que vivían sepultados les jalaron las patas y los sacaron a la luz del sol, cosa que los enojó mucho. Andaban tan encabronados, que se juntaron para hacer un blog y moverle las patas a los que pudieran, para que todos juntos se prendieran, tumbaran al gobierno, enjuiciaran al Peje, esclarecieran el homicidio de Colosio y descubrieran, al fin, donde anda Camelia, la Texana.
En una nuez, así va la historia de este blog, que empieza con la intención declarada de sacudir lo sacudible (sin albur) y destapar lo destapable (con albur, si lo destapable está bueno). No vamos a publicar poemas bonitos ni imágenes para tu metro. A lo mejor, lo que leas aquí te quita el sueño. A lo peor, lo que leas aquí te da ganas de volver. Pero ten por seguro que vamos a seguirlo escribiendo llueva, truene o relampaguee.
Por que así es como se derriban las montañas. Así es como se abren los sepulcros.
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